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Dijous, 13 de febrer

De capitans i balenes

De les bones novel.les, cada lector en fa una nova novel.la, la seva. De fet, cada lectura no és res més que una mena de diàleg privat entre autor i lector. El tema, el de sempre, explicar-nos i mirar d'entendre'ns millor a través de la paraula. Aquesta és la lectura de Moby Dick que ens proposa fa Abel Posse en el seu article:

Otra vez 'Moby Dick' y el asunto del mal (El País/ 13-2-03).

land Moby Dick (*), la ballena blanca, terrible animalón, es sabido que forma parte del orden, desorden, furias y rarezas del mar. Es obra del Creador, que, como observó perplejo William Blake, fue capaz de inventar a la vez al implacable tigre y al aburrido cordero. (Sin olvidar al hombre, que en el último siglo se consagró ampliamente como el máximo depredador del tigre y de los corderos.)

Moby Dick fue famoso monstruo en el apogeo de las goletas balleneras. Se hablaba de ella en la mitología de los puertos, copa de ron en mano. No se dejaba atrapar, se contaban mil anécdotas y fantasías de su furia. Cuidaba sus espacios de vida o reproducción con furia asesina, de hombre acosado por el fuego.

Hasta que el capitán Achab, capitán del ballenero Pequod, empezó a irse de la realidad y transformó a Moby Dick en símbolo del mal absoluto.

Herman Melville escribió su novela en 1851. Cuando Estados Unidos unía el pietismo obstinado de los fundadores, llegados en el Mayflower, con la incipiente revolución industrial y tecnológica.

Imaginó un barco de pesca ballenera, el Pequod; una tripulación bravía y heterogénea, multirracial. Un grumete, Ismael, será testigo final de la aventura. El personaje central es el capitán Achab. Éste es el centro de las preocupaciones de Melville: encarna a esos pocos hombres que se van olvidando de la realidad para avanzar en laberintos metafísicos. Achab es un capitán mercante, su barco ha sido pagado por los armadores de Nantucket y su objetivo es pescar ballenas comercialmente. Sin embargo, Achab salta las singladuras sensatas que unen las zonas reconocidas de pesca. Sus rumbos se tuercen detrás del mito del mal. La tripulación y los armadores serán víctimas de ese autoritarismo de la "causa sagrada". Achab sólo mora en el Absoluto.

Se olvida de sus mandantes y de su mandato comercial. Melville lo sigue en su carrera obsesiva, que terminará en catástrofe.

Los hombres del Pequod escuchan en la noche, desde sus camastros, el golpeteo en la cubierta de madera de la pata de palo de Achab. En un primer encuentro con Moby Dick se lanzó temerariamente, arpón en mano, en la proa de una falúa sin ver que la cuerda del arpón le cercenaría su pierna. Este primer encuentro le confirmó la naturaleza maligna del Leviatán. Inventó singladuras que no correspondían al objetivo de la pesca, sino a una persecución personal, cada vez más demencial y obstinada, de la ballena blanca. Desde ese ataque de Moby Dick, que Achab nunca pudo entender como una defensa del animal que lucha por su vida y sus espacios, el capitán se obsesionó y se precipitó en una peligrosa teología del mal. Es difícil imaginar que un hombre entregado de tal manera al orgullo pueda distinguir entre justicia y venganza.

Achab cree que, como un profeta bíblico, ha sido destinado a extirpar el mal de la Tierra. Cabalga mares como un Quijote, pero un Quijote endemoniado. Pierde tolerancia y cordura. Ve y trata a sus hombres como peones de su cruzada. Su mirada adquiere el brillo persistente de quienes ya se despiden de la razón. Todo cruzado del bien termina con la energía del mal, lo hemos visto a lo largo de la historia: de las "causas santas" está empedrado el camino al infierno.

No sabe que el mal va triunfando en él. Como dicen los chinos: el que se pone una piel de tigre para emboscar y cazar al tigre, termina tigre, y suele morir con la piel del tigre puesta. Se suspende toda sensatez: Achab se convence de que la ballena blanca es un engendro para probar su fe al servicio del orden del Creador. Achab cree que ayuda a Dios para modificar su borrador, enmendar el error del mal. Cree que negociar con el mal, como los otros capitanes, es pecaminosa renuncia.

En la noche de niebla helada va y viene de proa a popa, con ese golpeteo siniestro de la pata de palo. Imagina en cada fosforescencia de la rompiente la surgencia de la ballena blanca. Siente que de no enfrentar al mal en un decisivo Armaggedon, su propia vida, el Pequod, sus tripulantes y el mundo mismo carecerían de sentido.

El mal lo fagocita disimuladamente en el entusiasmo del bien. No calcula en las pérdidas de los armadores ni en esos hombres que quieren volver a puerto, al cuerpo de sus mujeres, a la ternura de los hijos. Todos se resignan y se silencian ante la locura sagrada de Achab. La obstinación absolutista enmudece, inhibe o hipnotiza a los hombres sensatos.

Achab es llevado por los demonios y se cree en manos de los ángeles. Su convicción es inexorable. Todos saben de la inconveniencia y la locura de su propósito, pero todos quedan como inmovilizados ante su fascinante decisión y extremismo. Ni los capitanes de balleneros amigos, ni su contramaestre, ni la tripulación lo pueden devolver a la sensatez. El Absoluto paraliza.

Por fin, en un amanecer helado entre las cargas de pesadas olas color antracita, avistan desde la cofa la blancura y el morro frontal de Moby Dick.

El Pequod entra en el fervor de la guerra. Gritos, imprecaciones, falúas echadas con su carga de arpones y cuerdas hacia los chorros de espuma y la perfidia de Moby Dick.

Achab, en la proa de un bote, arpón en mano, busca el golpe decisivo, no el del arponero profesional, sino el de San Jorge ante el dragón. Pero los arpones no dan en el centro vital del monstruo. Una a una, Moby Dick da vuelta a las falúas, los hombres se ahogan. Luego, con su morro terrible, embiste y parte al Pequod de un solo golpe. Achab, entre las olas de su fin, ve quebrarse como torres abolidas por un demonio, el palo mayor y el proel que fueran su orgullo, los más altos en el puerto de Nantucket.

La catástrofe será total. Sólo sobrevivirá Ismael flotando dentro de un ataúd de la carga de bodega.

Al ser arrastrado al abismo, como la muerte nos baja a la humildad, tal vez Achab comprendió que sólo había agregado mal al mal y que la ballena blanca ejecutaba lo que él había pensado hacerle. Tal vez comprendió en ese minuto final que su espíritu y la fuerza admirable del monstruo estaban unidos en el insondable designio de un Creador poco inclinado a las normas del humano maniqueísmo.

* Herman Melville escribió su famosa novela en 1851, cuando ya apuntaba el éxito modernista de Estados Unidos, en contradicción con el espíritu cuáquero y obstinadamente salvacionista desembarcado del Mayflower. Como Poe o su admirado Hawthorne, se sentía perplejo ante esos compatriotas con admirable ética de grupo para quienes robar un tenedor podía significar oprobio y descalificación, y que nada tenían que decir de haber construido su enriquecimiento con esclavos (más resistentes al trabajo y a la nostalgia que los indios) y ampliar su territorio con el exterminio de los hombres de la América primordial.
cromets 6:39 a. m.
 
Buenas noticias para Miquel de Palol Empar Moliner ( El Pais, 9-2-03)

tarot
Qué días tan malos estoy pasando. ¿Y si, como dice Miquel de Palol, "el idioma literario catalán es un instrumento que desafina"? ¡A ver si tendrán razón esos agoreros que se quejan de su falta de hipotaxis! Claro que también puede ser que tengan razón los otros, los que dicen que la lengua sólo desafina cuando el músico toca mal. Yo, francamente, ya no sé qué pensar. Pero es un asunto muy serio y quiero saber la verdad.

Uno de los adivinos que ejercen delante de la FNAC -con un cartelito en el que se lee: "Tarot a 12 euros"- se interesa enseguida por mí. "¿Por quién me quieres preguntar?", me susurra, "¿por tu novio?". Ya me gustaría que mis problemas con el futuro fuesen tan banales. Le aclaro que la pregunta que voy a hacerle no es sobre un ser humano, sino más bien sobre un ente. "Un ente sale más caro", me advierte. Y, después de rogarme que le hable en castellano, que en catalán no me entiende, me invita a tomar asiento en la silla de cámping. "Pues", empiezo, "quiero que me diga si el catalán literario desafina". No pestañea. Se concentra y mezcla las cartas. "Veamos...". Pero se interrumpe para pedirme un dato: "¿Sabes su fecha de nacimiento?". Medito unos instantes: "Creo que nació allá por los siglos IX o X". Afirma con la cabeza: "¿Siglos IX o X? ¿No habrás traído ningún objeto que le pertenezca?". Por suerte, sí. Con todo el cuidado del mundo, deposito un ejemplar de las Homilies d'Organyà sobre el tapete verde. En la portada del libro, sufragado por la compañía Enher, leo: "Edició facsímil del manuscrit 289 de la Biblioteca de Catalunya. Introducció, versió adaptada al català modern i glossari a cura de Jordi Bruguera".

El adivino extiende la baraja del tarot y me hace escoger cinco cartas. Entonces caigo en la cuenta. Me he equivocado con la fecha de nacimiento. Las Homilies d'Organyà, según los expertos, ¡no son catalán literario, sino preliterario! Por suerte lo he notado a tiempo. "Disculpe. He cometido un error. El catalán literario nació entre los años 1180 y 1190, con el Libre jutge". Luego, distribuyo sobre el tapete las cinco cartas escogidas y el hombre le da la vuelta a la primera. Es la de la muerte. Supongo que esto es el fin. "No te precipites", me recomienda. "Aquí el adivino soy yo. La carta de la muerte está invertida y, cuando está invertida, no significa muerte, sino cambio". Levanto los ojos al cielo, esperanzada. "Entonces, ¿no todo está perdido para el catalán literario?". El hombre se rasca la cabeza. "Es que a mí, muerte, muerte, lo que se dice muerte, pues no me sale". Un poco aliviada, le formulo la siguiente cuestión: "Y dígame: ¿cómo está de la hipotaxis?". Vuelve a concentrarse. "Hum", murmura, "de la hipotaxis está mal. La hipotaxis la tiene muy alta y bastante alterada, no te quiero engañar". Trato de tomármelo con frialdad: "¿Y es grave?". El hombre chasquea la lengua y vuelve a rascarse la cabeza. "Me sale que la dolencia se mantiene tal cual, con distintas subidas de hipotaxis, que van llevando a una crisis cada vez mayor. Pero hacia el quinto o sexto mes veo que hay un cambio, y para bien. Se le estabiliza. Se nota un resurgimiento, un salir del pozo, una curación". Son buenas noticias, pero de hecho aún no me ha contestado a la pregunta inicial: "Entonces, el catalán literario ¿desafina o no?". El hombre suspira con gravedad. "A ver, aquí me sale la carta del loco, que también está invertida. Es una carta de alguien que tiende a eliminar las estructuras, a ser libre, a estar suelto". Temerosa, le pido que me lo aclare: "Y este 'estar suelto' ¿a quién se refiere? ¿A los que creen que no se utiliza suficiente hipotaxis, o a los que opinan que cada uno utiliza la hipotaxis que le conviene?". El adivino se encoge de hombros. "Es que, claro, yo sólo veo lo que dicen las cartas y a mí las cartas no me dicen quiénes son los partidarios de la hipotaxis". Se cruza de brazos, enfadado, y añade: "Si no tengo una foto de alguno, no puedo adivinar más". Menos mal que soy una de esas mujeres que nunca salen de casa sin su ejemplar de El quincornio, editado por Anagrama. Le enseño la fotografía de la cubierta, en la que se ven unos centímetros de miembro viril de su autor, Miquel de Palol. "¿Éste es uno de ellos?", pregunta. "Sí, sí. Éste es uno de ellos". Le echa otro vistazo y murmura: "¡Ay, el seny i la rauxa, el seny i la rauxa!...". Y añade: "Sin verle la cara es más difícil, pero lo intentaremos". Me señala una carta: "Pues le sale el ocho de oros. Va a tener una entrada extra de dinerito".

Y mientras recoge -porque ya hemos terminado- me advierte de que, como le he formulado preguntas muy delicadas, tendré que pagarle un suplemento. Algo así, digamos, como 18 o 25 euros. Le pago 18 a regañadientes y le pido un recibo. "¡Huy! No va a poder ser", se excusa, "es que no tengo NIF". Bueno. Tampoco es tan grave quedarse sin factura. Lo que ahora importa no son esas minucias. Lo que importa es que la hipotaxis va a normalizarse y el catalán literario dejará de desafinar hacia los meses quinto y sexto. Es decir, julio y agosto. Será en pleno verano, cuando la mayoría de los suplementos culturales de los diarios se vayan de vacaciones.
cromets 8:07 a. m.
 
Dilluns, 3 de febrer

Resposta del consultin a un que no vol un sant patró per a Internet

LA DEMOCRÀCIA I EL PATRÓ D'INTERNET

Josep Pernau

Als papes no els elegeixen els fidels. Tampoc els cardenals, els bisbes, ni tan sols els rectors. No obstant, els creients elegiran el sant patró d'internet, a través d'unes webs de signe catòlic, com ara www.santiebeati.it. Per alguna cosa es comença. Però seria interessant saber quants segles hauran de passar perquè la jerarquia eclesiàstica sigui elegida democràticament.

Ho estaven reclamant els creients que estan enganxats a la xarxa. Necessiten a qui acudir en situacions de compromís, quan el sistema informàtic es queda penjat o quan el trànsit d'informació col.lapsa les autopistes de la comunicació. Un sant patró d'internet podria ser la millor protecció contra els pirates informàtics i contra els virus malignes, com el que aquests dies ha afectat els ordinadors de mig món. Per salvar d'aquests traumes els addictes, serà bo que la Santa Seu compongui una oració al sant patró, que, si es demostra prodigiós, pot provocar un gran augment dels seguidors del credo catòlic.

Ja hi ha uns quants candidats, tal com aquí publicàvem fa temps. Un d'ells podria ser el sant baró Isidor, sevillà de saviesa enciclo pèdica, o aquell de nom oblidat pel columnista que miraculosament podia estar en diversos llocs alhora, que és l'aspiració dels internautes. N'hi ha molts més, però entre ells ha desaparegut la que va gaudir de la predilecció del columnista, santa Tecla, paraula que en castellà o català val tant per designar la patrona de Tarragona com una peça imprescindible de l'ordinador, igual que del piano i de l'acordió. Tot i que en altres llengües, però, no es produeix la coincidència. Llàstima.

Celebrem, germans, que la democràcia hagi arribat a l'elecció del patró d'internet. Millor això que res.
(El Periòdic/ 3-2-02)
cromets 9:46 a. m.
 
Dissabte, 1 de febrer

No som importants per a la vida

Por Víctor-M. Amela - La Vanguardia /26/01/2003


Cromet guanyat: Entrevista a la geobiòloga Lynn Margulis, on posa a la raça humana al lloc que li toca .

Lynn Margulis Estornuda si hay un pelo de gato cerca, y le gustan las fresitas con nata. Esta simpática mujer, tan jovial, tan campechana, es un genio de la biología. Esta mujer está dándole una vuelta de tuerca a la teoría darwinista de la evolución. Un día obtendrá el premio Nobel por ello, seguro. Y no es que Lynn Margulis contradiga a Darwin, no: “sólo” lo completa.

¿Que diría Darwin hoy?

No lo sé. Él no disponía de los datos y observaciones de que hoy sí disponemos.

¿Y qué le diría usted a Darwin?

Que en su obra él habló poco del “origen de las especies”, de la aparición de especies nuevas. Le diría que yo atribuyo la aparición de especies nuevas a la simbiogénesis.

¿Simbiogénesis? ¿Qué es eso?

Generación por simbiosis. Es decir, que la generación de especies nuevas se debe a procesos simbióticos, a simbiosis. Esto es, el contacto físico entre dos organismos vivos distintos para cooperar, ¡acaba por generar organismos nuevos! Dos organismos acaban fusionados en un organismo nuevo, más complejo, con los genes de ambos: en un nuevo tipo de ser vivo.

¿Por fusión, dice?

¡Así fue como apareció la primera célula sobre este planeta! Dos bacterias se fusionaron... y se formó la célula con núcleo, eucariota: ¡las células de las que están hechos todos los animales y las plantas! Desde aquel momento, todo es ya simbiótico: la vida en la Tierra es la resultante de una simbiosis de organismos.

¿Yo soy simbiótico también?

Sin las bacterias de su intestino, usted moriría, por ejemplo. Y usted ve porque en el fondo de sus ojos actúa una célula que proviene de un tipo de alga, y que se hizo simbionte en algún momento de la evolución animal. Y cada una de sus células existe por simbiosis de bacterias...

Está asustándome...

¿Por qué? Lo que pasa es que solemos relacionar la palabra “bacteria”, “microbio” o “germen” con enfermedad, ¡cuando son justamente la vida!: usted es un saco ambulante de bacterias. Si se las quitasen todas, ¡pesaría usted un 10% menos..!, y moriría, claro.

Está usted enamorada de las bacterias, veo...

¡Son maravillosas formas de vida! Fueron la primera forma de vida que apareció sobre este planeta, y cuando la especie humana ya se haya extinguido, ellas seguirán aquí.

¿Y cuándo apareció la primera bacteria sobre la Tierra?

Hace unos 3.600 millones de años. O sea, ¡sólo 1.000 millones de años después de que la Tierra se originara como un cuerpo rocoso con atmósfera y océano!

Pero, ¿de dónde salió esa primera bacteria hace 3.600 millones de años? ¿Lo sabe usted?

Uff... Sólo podemos apuntar que hubo combinación de moléculas hasta generarse un ser vivo, un ser capaz de duplicarse, ¡el primer ser vivo sobre la Tierra!: una bacteria.

¿Y de aquella remota bacteria provenimos todos los seres vivos de este planeta?

¡Sí!

Cuesta creerlo...

También cuesta creer que usted, compuesto de millones de células, provenga ¡de una sola célula! fertilizada (zigoto) que existió hace... hace muy poquitos años, ¿no?

Sí, gracias: 42 años y meses.

¡Y aquí está usted!

Sí, y queriendo saber cómo era aquella primera bacteria...

Eran bacterias anóxicas: vivían sin oxígeno, porque no lo había por entonces en la atmósfera terrestre.

¿Ah, no?

¡No! El oxígeno fue justamente el gas residual que empezaron a expeler esas cianobacterias al tomar el hidrógeno del agua: al hacerlo, liberaban un residuo, un excremento bacteriano, un gas tóxico: el oxígeno.

¡El oxígeno, un gas tóxico!

Para la vida de entonces, aquel oxígeno supuso un holocausto mucho más brutal que cualquier actividad medioambiental humana. Pero, después, de las mismas cianobacterias surgió otro linaje de bacterias que supo aprovechar ese oxígeno para vivir de él. Esto es la ecopoyesis: ¡los residuos de un tipo de vida alimentan a otro tipo de vida!

El aire que yo respiro, pues, ¿es un residuo bacteriano, un viejo “excremento de bacterias”?

Así se originó. Hace 1.000 millones de años había menos oxígeno en la atmósfera del que habría medio millón de años después (que es más o menos el mismo que hay hoy).

¡Gracias, bacterias!

La vida en la Tierra constituye un enorme ecosistema (Gaia) formado por muchos ecosistemas menores. Si en la Tierra hubiera una sola especie viva, se ha calculado que no podría durar más de 300 millones de años, pues en ese tiempo habría ya agotado todo su sustento. Pero como la vida recicla la materia...: los desperdicios de unos seres vivos... ¡son aire fresco para otros!

¿Cómo era el primitivo ecosistema de las primeras bacterias?

Unas arenas sucias. En el delta del Ebro estoy estudiando un ecosistema así, ¡idéntico al que hubo en la Tierra en el origen de la vida! En ese ecosistema conviven cientos de microscópicas especies microbianas, en un universo en continuo reciclaje. ¡Y ahí he descubierto un “bichito catalán” muy importante!

¿A qué se refiere con lo de “bichito catalán”?

A la “Titanospirillium velox”, una bacteria espiroqueta ¡que originó la célula con núcleo, la célula eucariota, el tipo de célula del que estamos hechos nosotros, y todos los hongos, todas las plantas y animales!

¿Y cómo lo hizo?

Por simbiogénesis: esa bacteria con grandísima velocidad y movilidad nadadora (espiroqueta) se unió a otra bacteria resistente al calor y al ácido (arqueobacteria termoacidófila). La fusión funcionó, dio ventajas, persistió: dos socios formaban un nuevo ser (la primera célula nucleada), que sobrevivió y tuvo descendencia viva.

Dicho así, parece un mecano...

Sí, pero forzado por las necesidades –no por mero azar– de hace 3.000 millones de años. Después, hace 2.000 millones de años, se sumó a ese consorcio otra bacteria, capaz de respirar oxígeno. Vea las mitocondrias de nuestras células: ¡son vestigio de esas antiguas bacterias respiradoras! Las mitocondrias fueron un día bacterias de vida libre, y luego se integraron en la célula nucleada. Y con esas células se irían construyendo todos los seres vivos complejos; y aquí estamos.

¿Qué dicen sus colegas de todo esto?

Al principio miraban hacia otro lado. Poco a poco, tres cuartas partes de mis tesis han acabado por ser aceptadas. En 10 años lo serán al ciento por ciento, estoy segura.

A mí me resulta una propuesta de lo más poética...

Gracias. Yo creo que las colas de los espermatozoides, los cilios de células ciliadas, los cilios de las trompas de Falopio de las mujeres y los cilios de nuestras gargantas, por ejemplo, ¡derivan todos de aquellas antiquísimas y movedizas bacterias espiroquetas de vida libre!

Total, que somos fruto de larguísimos ensamblajes.

De procesos simbióticos: usted, yo y todos los seres vivos somos simbióticos. La vida misma es simbiótica. ¡Vivimos en un planeta simbiótico! O sea, la vida es la tupida red de todos los organismos macroscópicos y microscópicos –conexos, interpenetrados– que genera especies nuevas. Y ahora le hago yo una pregunta: ¿qué es una vaca?

Un animal de cuatro patas que come hierba, da leche...

Cuatro patas que transportan un tanque de 120 litros de fluido lleno de bacterias, levaduras, ciliados... que degradan la celulosa de la hierba. ¡Sin esas bacterias, la vaca no podría digerir ni una brizna de hierba! Sin ellas, no habría vaca. ¿Qué es una vaca, pues? ¡Esos microbios degradadores de celulosa son la vaca!

Pero esas bacterias viven “en” lo que llamamos “vaca”. ¿Cómo han llegado ahí?

Al ternero le llegan al lamer la placenta, al nacer. No están en otro sitio que en las vacas. Remotamente, estuvieron en el suelo, luego en algas... hasta que “fueron vaca”. Y, por cierto, el gas metano existente en la atmósfera viene en gran medida de la fermentación en estómagos bovinos: de los eructos de las vacas.

¿En serio?

Sí. ¡Y del ano de las termitas! Las termitas albergan también en sus entrañas bacterias que rompen la celulosa en compuestos químicos que los anos de millones de termitas expulsan al aire. ¿Ve? ¡Los sistemas gaseosos de la atmósfera, inestables a largo plazo, son resultado de la incesante vida microbiana!

Voy de sorpresa en sorpresa.

La superficie planetaria entera (seres vivos y atmósfera) está tan lejos del equilibrio químico... ¡que es más correcto considerarla algo vivo! ¡Ésa es la hipótesis Gaia! Gaia es la suma de la vida planetaria.

¿Y estamos los de la especie humana poniéndola en peligro?

Ja, ja... ¡No sea tan engreído! Gaia es la resultante de billones de seres que pugnan, se alimentan, se aparean y excretan. ¡La especie humana acaba de llegar, hombre! Gaia es perra vieja: ¡no está en absoluto siendo amenazada por los humanos!

¿No? ¿Seguro?

¡Cuánta arrogancia especie-centrista! La especie humana es peligrosa para sí misma, ¡jamás para Gaia!

O sea, que podemos provocar nuestra propia extinción, pero no la de la vida sobre el planeta.

Exacto. Aunque lo intentara, la especie humana jamás podría destruir la vida en este planeta.

¿Pretende espolearnos más?

Quiero decir que no hay una especie en particular que sea el centro de la vida. ¡Y los humanos, de hecho, ni siquiera somos importantes para la vida!

¿Somos sólo una banal excrecencia de este planeta?

Somos una parte reciente de un todo antiguo y enorme. Una parte reciente que crece rápidamente, eso sí. Eso nos hace sentirnos duros... Pero Gaia nos pondrá límite: el sobrecrecimiento de toda población viva conduce a un estrés y ese estrés hace disminuir dicho sobrecrecimiento. ¡Así se autorregula Gaia!

¿Gaia acabará con nosotros?

Sólo digo que nosotros no podemos acabar con la naturaleza, que la vida existía sin nosotros... y seguirá sin nosotros, autorregulándose.

Pero, dígame, ¿dónde está el cerebro de la sabia Gaia?

No hay tal cerebro central. Fíjese: todo ser vivo autorregula su temperatura interna para que fluctúe entre pocos grados, ¿no? ¿Y cómo “sabe” cada célula de ese cuerpo mantener dicha temperatura? Pues del mismo modo actúa Gaia.

Salude a Gaia de mi parte...

Gaia es la red entretrejida de toda vida: está viva, consciente y despierta en diferentes grados en todas sus células, cuerpos y sociedades. Gaia es la superficie autorregulada del planeta... que crea incesantemente nuevos medios ambientes y organismos. Gaia, la vida en este planeta, en toda su gloria simbiogenética, es exquisitamente resistente.



cromets 1:40 p. m.